El abuso sexual infantil es mucho más que un delito por el cual el agresor debe ser castigado con todo el peso de la ley. Las consecuencias son devastadoras para la víctima. Estas consecuencias, físicas y emocionales, son de diverso tipo. En algunos casos, al haber sido agredidos sexualmente a su corta edad, las víctimas tienden a tener problemas de identidad sexual, o a manifestar rechazo hacia el sexo opuesto. En otros casos serán de carácter físico, como pesadillas, falta de sueño, pérdida de la atención. También pueden presentar cambios de conducta, que son aun más peligrosos, como consumo de drogas y alcohol en exceso, tendencias a autolesionarse o al suicidio. Para superar estas secuelas, en el corto y largo plazo las víctimas, requieren de un adecuado tratamiento psicológico, a través de profesionales.

Escrito por: La Razón / José Luis Orihuela

 

¿Cómo evitar todo este sufrimiento a un menor?, es la pregunta que todos nos hacemos al ver las noticias todos los días en los medios de comunicación, cuando una niña o un niño es violado. No obstante, cuando uno indaga con mayor profundidad en el tema, se encuentra con una dura realidad, pues el problema se manifiesta más complejo de lo que pensamos.  Y es que en la mayoría de los casos, el abuso sexual infantil es cometido por los familiares cercanos de la víctima (padres, padrastros, tíos, primos, hermanos mayores, etc.); y muchas veces, por diferentes motivos (económicos, miedo por represalias del agresor, temor a la fragmentación del hogar, rechazo de la sociedad, etc.) la familia se convierte en cómplice del agresor, al mantener en secreto el acto incestuoso.

Esta realidad se refleja en las estadísticas: cerca de 14.000 niños o niñas sufren de abuso sexual anualmente en Bolivia, según datos de la organización no gubernamental IPAS. De esta cifra, el 67% ocurre dentro del hogar. Es decir que el agresor es alguien cercano a la familia. Según la Defensoría del Pueblo, en promedio cerca de 16 niños son violados cada día en el país. Datos la Defensoría de la Niñez y Adolescencia de Santa Cruz señalan que las violaciones a menores  se incrementaron en un 27% entre en 2011 y 2012. En la ciudad de El Alto, por día dos niños son violados, según el Ministerio Público.

Estos números deberían servir para comprender que estamos frente a un problema social de primordial importancia, y que debe ser atendido en forma integral desde diferentes ámbitos de la sociedad. En el ámbito jurídico, se debe abordar la protección de la identidad de la víctima, la atención especial al momento de analizar su testimonio y por profesionales expertos. En el área emocional, se debe brindar una asistencia psicológica desde el primer momento de sufrida la agresión; en el hogar, se debe proporcionar información para una pronta y temprana detección de conductas incestuosas de familiares cercanos a la víctima. A su vez, los centros educativos deberían facilitar orientación a los menores sobre las conductas de los mayores hacia la posible víctima. Es decir, toda la sociedad debería estar involucrada en esta problemática. Por su propio bien y el de toda la sociedad, los niños sólo deberían preocuparse por ser felices, recibiendo cariño y seguridad en sus hogares; y de ninguna manera debería incrustarse el abuso sexual en sus vidas.

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